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Por Andrea Troya |
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Lourdes.- una reliquia que se resistió a morir
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Sólo con el trabajo conjunto se construye la belleza, aún más cuando las personas se resisten a perder lo que es suyo. Cuando se ve sucumbir un tesoro empieza la lucha por rescatarlo, conservarlo, cuidarlo y si éstos pertenecen a la religiosidad de un pueblo mucho más.
No hay duda que en el Ecuador existen innumerables joyas que son parte de la cultura, a las que se las trata con afán y pulcritud; varias se encuentran en la capital, Quito, pero una de éstas se levanta en Imbabura, en San Pablo del Lago: es la iglesia de Lourdes. |
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Un poco de historia
Todo comenzó con el terremoto del “Taita Imbabura” que arrasó a los imbabureños en 1868. San Pablo del Lago perdió su templo religioso, situación que obligó a los sampableños a trasladarse a Otavalo a practicar su fe católica.
Con este fatídico sismo, con la destrucción y muerte de miles de personas, la población quedó demolida en su totalidad, pero los que sobrevivieron trabajaron arduamente para levantarse. ¿Y de la iglesia?, muchos se preocupaban.
No había suelo donde edificar un santuario mientras el otro era restaurado, aún así se consiguió un terreno de una hectárea, aproximadamente, que fue donado por una pareja de ambateños residentes en el pueblo y con la participación unánime de todos se levantó la capilla de Lourdes en 1876, su edificación duró 12 años. La obra quedó terminada en 1888. San Pablo del Lago ya tenía su propia iglesia, sus habitantes no tenían que ir a otro lugar, las largas caminatas a caballo o a pie quedaron olvidadas. |
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La furia de la naturaleza
Todo este panorama cambió cuando la tierra volvió a temblar otra vez el 5 de marzo de 1987. Nuevamente se destruyeron numerosas viviendas, una de las más afectadas fue la iglesia de Lourdes, que en pocos minutos presentó fisuras en paredes y cimientos.
Con esperanza y fe, los habitantes del pueblo pidieron ayuda al gobierno para la restauración del templo. Así llegó a San Pablo personal del museo del Banco Central para la respectiva indagación quienes dijeron que a Lourdes, como no pertenecía a la época colonial, no se le podían destinar los fondos necesarios. El proyecto quedó abandonado y se la inventarió como una pieza más del Instituto de Patrimonio Cultural del país. En abril de 1998 fue declarada como Patrimonio Nacional, pero no había dinero para la reparación inmediata, como sucede con los vestigios coloniales. |
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Una larga espera
La obra pasó en total abandono, las ofertas aparecían una tras otra, nada en concreto. Antonio Arregui, Obispo de Ibarra en turno, ofreció dinero para la causa, mas éste nunca apareció, por algunas razones, entre las cuales una obra en la capital de la provincia merecía un desembolso inmediato y Lourdes tuvo que seguir esperando.
Ángel Vaca, Lucrecia de la Torre, Jaime Cazar y Jorge Guerra se pusieron al frente de la comitiva de reparación del templo y otra oferta apareció con el propietario de la Hacienda Cusín para que ahí se edifique un museo, situación que no agradaba a muchos porque la iglesia perdería su objetivo principal, ya no sería un sitio para la fe, así el proyecto otra vez quedó en palabras.
Llegó la hora
Después de tantos apuros, entre ir y venir buscando ayuda, la comitiva llegó hasta el Congreso Nacional y Marco Proaño Maya, distinguido imbabureño, los acompañó hasta el Instituto de Patrimonio Cultural, donde no se ofreció dinero pero se creó un fondo de salvamento para piezas arquitectónicas, en este caso para la iglesia de Lourdes, y el capital llegó al municipio de Otavalo quien consignó de inmediato el dinero para la restauración. Por fin, la tan ansiada lucha para ver el templo reconstruido llegó en el 2004 y el trabajo empezó.
Como era de esperarse la obra concluyó y la iglesia lista y restaurada se entregó al pueblo el 14 de octubre del 2007, la alegría de los moradores por ver su iglesia reconstruida se la cristalizó con una misa efectuada por el actual obispo de la diócesis de Ibarra, un acto donde se dio gracias por todo lo recibido, aún cuando queda mucho por hacer para conservar este erario.
Cabe resaltar que el financiamiento también lo destinó el Banco del Estado, dinero con el cual se pudo reparar la parte frontal del templo y el resto de la obra se lo hizo con el Municipio.
Las obras quedan…
“Las obras quedan, los hombres somos pasajeros” reza un viejo y conocido adagio popular, hay muchos nombres que no están aquí presentes a quienes no se les puede descifrar la inmensa gratitud que todo un poblado tiene para un trabajo que esperó muchos años, veinte, y que ahora está listo.
Pero… así son los sampableños, comprometidos con la tierra que los vio nacer. Ahora, se presenta ante los ojos del país entero una obra que simboliza el trabajo constante y la lucha continua de aquellos que lidiaron incansablemente por alcanzar un sueño en un bello rincón del Ecuador. El trabajo continuará en este santuario, pero lo más importante está terminado. |

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